Los efectos biológicos de la radiación ionizante se clasifican en dos grupos principales:
Efectos determinísticos
- Aparecen cuando se supera un umbral de dosis.
- Incluyen lesiones cutáneas, quemaduras, cataratas y daño tisular.
- Son poco frecuentes en radiología diagnóstica, pero pueden presentarse si no existen controles adecuados.
Efectos estocásticos
- No tienen un umbral definido.
- Su probabilidad aumenta con la dosis acumulada.
- El principal riesgo es el cáncer inducido por radiación.
ALARA: el principio que guía la práctica radiológica
Además del cumplimiento estricto de los límites de dosis establecidos en la normatividad vigente, toda práctica que involucre el uso de radiaciones ionizantes debe sustentarse en el principio ALARA (As Low As Reasonably Achievable), eje rector de la protección radiológica moderna.
Este principio implica que toda exposición a la radiación debe mantenerse tan baja como sea razonablemente posible, considerando factores técnicos, económicos y operativos, sin comprometer la calidad diagnóstica ni la seguridad del procedimiento. No se trata únicamente de “no rebasar límites”, sino de optimizar cada práctica para reducir riesgos innecesarios.
La aplicación efectiva del principio ALARA se logra a través de:
- Optimización de los parámetros técnicos de los equipos, ajustando kV, mA, tiempo de exposición y colimación de acuerdo con el estudio y las características del paciente.
- Uso adecuado de blindajes estructurales y protección personal, como barreras plomadas, delantales, protectores tiroideos y mamparas, garantizando su correcto estado y ubicación.
- Monitoreo dosimétrico continuo del personal ocupacionalmente expuesto, mediante dosímetros personales que permitan identificar tendencias de exposición y corregir prácticas de riesgo.
- Capacitación y actualización periódica del personal, enfocada en técnicas de protección radiológica, operación segura de los equipos y cumplimiento normativo.
En conjunto, estas medidas permiten que la radiología sea una herramienta segura, eficaz y responsable, donde la protección del paciente, del personal y del público no sea una reacción ante el riesgo, sino una estrategia permanente integrada a la práctica diaria.

